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martes, 5 de julio de 2016

Amar


Introducción

El aire cortó el silencio, mientras miraban hacia la nada que se perdía más allá del mar nocturno, y como por compromiso con la brisa, María dijo:
- Y de verdad, de verdad, ¿no te importa que ella folle con otros?
- No. Tener sexo es algo maravilloso, una manera alternativa de entender la comunicación, y si dos personas se atraen, ¿quién soy yo para privarle de ese deseo a nadie? Y menos aún, a la mujer que amo. La confianza es lo primero. 
María se pensó bien la segunda pregunta, como queriendo debilitar la incomprensible y férrea actitud de su compañero, y el aire llevó presto a mis oídos la nueva cuestión.
- ¿Y si al final la mujer que amas se va con otro?
- Si se va con otro, aunque dudo que se vaya, es que no era para mí, y sólo deseo que esa otra persona la haga aunque sea un poco más feliz que yo.
- Pero, ¿y si se va?
- Si se va, que no sea de mi vida. Y si es así, sólo espero que sea feliz allá donde esté. Y que me desee a mí lo mismo.

Porque al final, amar es eso: desear la felicidad de la otra persona, esté con quien esté, esté donde esté, piense en quien piense. Pase lo que pase.
Desear su libertad de decisión, respetar su camino y querer su felicidad.

A veces pienso que damos al sexo una importancia excesiva.
 Cuando comparto mi vida con alguien, estoy compartiendo un trozo enorme de mí. Mi alma, mis entrañas, mi pasado, mis vivencias, mi presente y mis proyectos.
Sí. El sexo está dentro del "pack".
  Pero no es lo más importante.

"Es que si de verdad me quiere, no tiene por qué andar buscando nada fuera de lo nuestro", se suele decir.
Pero, hagamos la siguiente pregunta a nuestro cerebro tan bien entrenado: ¿acaso siempre buscamos amor en las experiencias sexuales?
A veces, sólo buscamos una experiencia.
A veces sencillamente no buscamos nada.
Y aparece.

Lo que no quiero es que haya una presión que nos lleve a la mentira cuando una pasión inevitable se encienda. Porque ni quiero mentir, ni quiero que me mientan. Eso no es amor.
Amor es transparencia.

Mientras compartamos algo más profundo que la propia carne, algo único en nosotros, e irrepetible con otros seres ¿qué más nos da lo superficial?
El amor es mucho más que carne.

- La conocí libre, la amaré libre. Y yo no soy nadie para mandar sobre su cuerpo o su mente. Si no, dejaría ser ella.
Las personas son personas, tal cual, no son proyectos o propiedades.

María finalmente se cansó del tema, y siguió mirando a la nada, callada.
El silencio respondió con más brisa. Pensé en el aire, y en lo triste que sería que lo enjaularan como hacen con el amor.
 No es natural.

Y buscando una respuesta de Maria, o de cualquiera que me lea , pregunto:
- ¿Y tú, qué opinas?

miércoles, 25 de mayo de 2016

Batería baja (Diario de un promotor)

LA APP

Tengo muchas casas por visitar y un tiempo y un nivel de energía limitados.
Tengo una hora de comer en la que me gustaría haber ayudado almenos a una persona a disponer de la comodidad de recibir un servicio que le beneficiará.

Tengo una aplicación que sirve para escribir. Sí, ya hablé de ella. He dejado de usarla para escribir.
Ahora sirve para anotar.

Anoto a los Ausentes. Personas que por no estar en casa me han dejado mirando el centro de una mirilla estática. Luminosa.
Anoto los Rechazos. Personas que no están interesadas o pretenden no estarlo.

Anoto un montón de mierda con el bolsillo.
La anoto donde he anotado a los Ausentes y los Rechazos y ahora estoy en el mismo punto donde empecé.

Literalmente:
Rt 
reettreert rretr retret1e 22wdwre1c xswerrrttt 2c y 3cwrtt...
etc...
Tengo menos tiempo y energía y una aplicación que me sabotea por tercera vez.

Tengo un jefe de zona que aparece con un chicle y una sonrisa.
- ¿Quieres un chicle? - dice - Relaja. Es mágico.
- Gracias, Alfredo. Me vendrá muy bien - respondo, tratando de decirle al subconsciente que ese chicle me ayudará.

Lo que no tengo es idea de las puertas que debo tocar.
Me anima a probar en un edificio distinto, fresquito, pero estoy cansado y ya se me acabó el tiempo y se me gasta la batería del móvil de empresa y me falta bolígrafo y desconfío profundamente de la aplicación que ya lleva tres bromas por el estilo

La segunda vez la conté la semana pasada, al quedarme sin el móvil.
La primera vez fue con el relato de la anterior entrada. Selecciono todo para pasarlo a PDF con otra aplicación. Todo el contenido se convierte de pronto en una letra aleatoria causada porque el teclado apareció en un momento en que nadie lo llamaba...

Y me veo en el vano de una puerta, bromeando "disculpe, este aparato tarda un poco en cargar... que poco me gusta depender tanto de estos aparatos a veces"... y en ese momento surge una conversación sobre los tiempos de antaño.


EL CHICLE

Y vuelvo a casa sin un solo socio, sin batería, sin energía, un poco más viejo, y con un chicle...
Relaja. Es mágico.

Por algún designio desconocido del destino, atentando contra el subconsciente sonriente, al sentarme en el sofá, me cuesta despegar el brazo de la pierna.

Adoro este trabajo, pero cuando la mente está floja, nada tiene sentido.
Tengo un chicle pegado en la camisa. En el pantalón.

Tengo de repente ganas de exiliarme en el ombligo sucio y oscuro del mundo.
Abrir un agujero en la tierra y hundirme en él para siempre.

Huir de la realidad.

Escribir.

lunes, 23 de mayo de 2016

Fuck Tha Police

Saben ya que los sábados 14 y 21 hice mi aparición en dos espectáculos (en el Bamblinón y Café dEspacio respectivamente). En el primer caso, un certamen de relatos eróticos que ya comenté en otra ocasión. El último sábado un micro abierto que además, para mí , fue un éxito en cuanto a que se me agradeció que organizara algo así en la ciudad.

En ambos conté uno de mis relatos eróticos (el más suave que tengo) llamado Fuck da police. Aquí lo muestro para todos ustedes:

Fuck tha police



Lo capto y acepto. No sirvo para amores duraderos.
Montaña de fracasos amorosos amontonándose en mi alma. Rupturas en las que se olvida que yo también tengo sentimientos.
Bueno, ya no. Ya no tengo de eso.

Acepto mi lado menos tierno y me autoproclamo antihéroe del amor.
-    lo nuestro fue más bien sexual - me dice una
- Eres todo pene. Sí, solo un pene con patas.
Soy un pene. Soy un consolador de carne. 

Lo capto y acepto.

Como buen antihéroe, hoy me apetece algo incorrecto, aunque al estilo discreto, y corro con la cena calle abajo. Coche de patrulla a las doce. Me giro. Dos uniformados se meten en el establecimiento donde he conseguido la cena.
Solo a mi se me ocurre robar en una peatonal.

Poli él, Poli ella.
Él entra, ella fuera.
Decido entregarme.
 - Mira, lo siento mucho. Mira, no he podido escapar de la culpabilidad ni de ti, así que devolveré la mercancía.
Percibe que percibo su belleza.

Su mirada dura de policía expresa ternura al fijar sus ojos en los mios. Levanta levemente las cejas. Rubor de mejillas. ¿atracción o sorpresa?
¿Qué? - dice, confusa, y aparece un amago de inocente sonrisa. 
- Que... Soy un... Joder. Espera, que me desconcentras. Que acabo de robar ahí dentro. Que soy un criminal enamorado del brillo de tus ojos, y que si me detienes, ¡encantado!

La carcajada no se hace esperar. Me mira más confusa y ruborizada y sonriente cada vez. Algo me dice que no se cree una mierda.
- un criminal no sé, pero como cómico ligón no te manejas mal, ¿eh? ¡Vaya manera de acercarte!  

Y se muerde los labios.
- Espera a que salga mi compañero. Seguro que le encanta la situación. 

Situación surrealista.

- Mira, aquí está. 
Típico. Bandeja de donuts. Bueno, y una bolsa con frutas.
- Mira, Roberto, qué huevos los de este tío... - dice ella, enamorándome ahora con su lenguaje incorrecto - Acaba de tirarme los tejos con el uniforme puesto. Cuéntale tu estrategia, ligón humorista.
 -    Ajá - dice Roberto indiferente - me acaban de informar de un robo. La tendera. 

Ella mira para él, y luego para mí. Borra del semblante todo su buen humor.

La tendera profiere un grito desesperado desde el local. "¡El ladrón!". Vuelven a mirarse, tiro la "compra" y me echo a correr.
No me hubiese gustado que Roberto me detuviese.

Me voy sin éxito, sin su nombre, sin comida. Un día más en la batalla con la vida.

2
Me dedico a estafar, robar y engañar. Dejé de creer en el sistema laboral y ahora me gano la vida con lo que hago perder a otros. No solo he perdido amores a lo largo de mi vida. También contratos. Ahora, que se jodan los demás.

Hoy tengo dinero. El secuestro de perros tiene sus beneficios y no resulta tan inhumano como secuestrar niños (cosa que jamás haría).
Me voy a tomar un café. 
Allí está ella en una mesa, la Ley Sin Nombre, quien de esposa tendrá, para mí, solamente su herramienta de inmovilizar.

No tiene uniforme. Así impone menos (aunque también me pone menos).
Me acerco, y le recuerdo la escena. Han pasado dos semanas desde entonces. Me recuerda.
primero hablamos sin tener en cuenta su oficio de heroína, mi oficio de villano.
Intimamos.

Es policía porque disfrutaba con su difunta madre de innumerables series y películas del género.
 -    Aprovecho que no llevo el uniforme: me encantan los criminales - dice-. Requiere valor arriesgarlo todo por el crimen. Es el riesgo lo que me llama. Me hice policía, quizá, por ser lo correcto. Si mi historia hubiese sido distinta, a lo mejor robaría bancos contigo.
Intimamos más.
Le aburren los hombres, me dice. 
- Yo aburro a las mujeres, así que lo capto y acepto.

Se ríe. A ella no la aburro. Se ríe incluso de las mayores estupideces que cruzan mis labios. 
Estupideces que convierten sus labios en sonrisas.

¿Mierda, me habré vuelto a enamorar?

3
No sé cómo, acabo esposado a su cama. Le gusta el riesgo y el sexo duro. No me esperaba este ambiente. 
Su casa enorme llena de luz leve casi apagada. Jazz suave sonando de pared a pared, mi piel erizada, sus pupilas dilatadas. No me importa que me espose y me domine. Por una vez, me dejo llevar. Cierro los ojos y caigo hechizado por lo sensitivo.
Yo, antihéroe sexual, olvidando lo más físico. Yo, todo pene, soy alma ahora.

No se trata de sexo. Es comunicación. Ambos buscamos sentir. Y sentimos. Nos entendemos.
Cuando pasan los preliminares, todo es más bestia. Me sorprende que me pida que le escupa en la boca. Me encanta sentir sus uñas marcadas en mi carne. 
La comunicación se va encendiendo. Acaba el ritmo de jazz. Se funden dos velas. Llegamos al orgasmo. Abrazados, nos fumamos un cigarro.
El humo dibuja corazones en el aire.

Me he vuelto a enamorar. Esta vez, he amado al bien, jodiendo con la ley.

Tras una semana sin saber nada, en la cafetería, veo en un periódico una noticia curiosa: "policía expulsada del cuerpo por intimar presuntamente con más de una docena de criminales".

Capto y acepto mi lado menos tierno y me río: "lo de expulsada del cuerpo suena a que la han extirpado o vomitado o algo peor", pienso.

Pero mi arrebato de humor acaba de pronto en llanto de amor.
Soy un puto consolador.

miércoles, 11 de mayo de 2016

I Certamen de Relato Erótico

Queridos habitantes de Suburbalia, es para nosotros un placer invitarles este sábado al I Certamen de Relato Erótico (día 14 de mayo, a las 21:00 en el Bambalinón) organizado por Talleres Socioculturales Canarias y Magia y Arte.


He sido seleccionado como finalista con mi relato Fuck the Police.

Voy a poner para esta historia una de esas sinopsis cortas y que no dicen demasiado, para irles acercando al asunto.
"Chico malo conoce chica buena. A partir de ahí, poco importa la moral: crimen y ley unidos por fin".

Suerte a todos los participantes por igual :)

Aquí, el enlace al evento:

https://www.facebook.com/events/1751452155076308/?ti=cl

Recuerden, 14 de mayo, a las 21:00, en Bambalinón.

 Evento patrocinado El Bambalinon, Feromonas y Libreria Canaima

jueves, 5 de mayo de 2016

EXPECTATIVAS (Un cuento corto)

Cuando nos dijeron que al tío que venía a por nosotros lo llamaban ScarFace, nos acojonamos vivos. 

No sabíamos dónde coño meternos.


Scarface significa cara cortada.
Cara cortada significa: "un asesino excelente", o "batallas en las que ha salido vencedor". 
Al fin y al cabo, sigue con vida, 
¿no?

Nos pasamos mañanas, tardes, noches y madrugadas pensando que nos iban a rajar como a perros uno por uno, sin culpabilidad. Que nos habíamos metido con el tipo equivocado, que nos convertirían en un desastre de trizas y tripas esparcidas por una habitación oscura que nunca nadie abriría. Que íbamos a morir, vamos.
Adiós, mundo cruel.

Y el tío apareció, y tenía la cicatriz en plena cara, en el medio. Ocupaba todo el espacio entre los dos ojos, atravesando el tabique. Uniendo frente y la barbilla. Primero lo miramos muy seriamente. 

Silencio...


A Charlie se le ocurrió decir que parecía un culo.

Todos descojonados, lo echamos de ahí con nuestras risas alimentando su vergüenza. El tío se largó llorando a otro país.

Esopo ahora mismo diría algo, supongo. Señalaría, orgulloso, una moraleja enriquecedora.
Diría: 
"Las expectativas no tienden siempre a asemejarse con la realidad"
Diría: 
"El honor no responde a la persona, sino a cómo la perciban los demás"
Diría...
Diría: 
"Tío, deja descansar a los muertos. deja ya de nombrarme, que estoy durmiendo de muerte".

Pero yo, más que llegar a una conclusión, no dejo de preguntarme:
¿Cómo es posible que un asesino tan peligroso cometiera la estupidez de atacar a una pandilla de fumados mientras estaban todos juntos en su propia casa?
No es profesional.

Si me quieres matar, cógeme a parte...

¿No? 

Supongo que esto se quedará en una de esas historias de final abierto donde eres tú quien pone el final.

miércoles, 4 de mayo de 2016

La muerte en cada esquina (autorrelato)

¿Sabes eso que dicen, de que cuando estás a punto de morir ves todas tu vida pasar por delante de tus ojos?

Es mentira.


Lo más parecido es abrir la galería de fotos del móvil. Para una versión ampliada de tu vida, el dichoso Facebook. Perder todo tu presente al servicio del pasado colectivo de los personajes de tu vida -incluyendo a tu propia persona.

MI CABEZA

Soy promotor, o comercial a puerta fría (como dije en anteriores capítulos entradas), o algo así. Aunque me gusta más definirme como "portador a domicilio de historias y experiencias".

   Ofrezco un producto de carácter cultural y charla agradable.
  Podría decirse que este trabajo tiene también algo de carácter social, haciendo compañía a gente solitaria a veces en el repetitivo vano de una puerta que se repite con caras distintas.
Surrealismo.

  Sucesión de edificios y escaleras y puertas. 
 Energía en descenso como mi alma por esas escaleras para abajo, pero siempre insistiendo sonriente. 
Dingdong. "No me interesa". 
Dingdong. "No tengo trabajo".
Dingdong. "No tengo tiempo". 
Dingdong "Vaya, qué interesante"... 
   Una puerta que se cierra, otro timbre que suena.

  Y así sucesivamente de arriba para abajo, de un lado para el otro, con una sonrisa de luna creciente. Creciente, cuando mi boca abierta como la luna llena a las 19:07, cuando me estrello escaleras abajo hasta llegar al siguiente piso.

  Cuando parece que estas a punto de morir, lo único que ves es lo que te está causando peligro. Si acaso, ves a tu madre avisándote desde algún recuerdo lejano "¡cuidado al bajar las escaleras!"

19:00
  Quedaban 30 minutos para el siguiente punto (el último del día). Cada hora y media, tenemos que ir al llamado punto, donde el equipo se reúne, acordado horas antes.
   Una puerta que se cierra, otro timbre que suena.

16:00
  Varios puntos atrás tuve el fatídico aviso del destino mientras trataba de salvar el planeta: se nos volaba la basura y corrí tras ella con un ruido. Resbalón y al piso. Suena una estruendosa risa desde el pecho de Aitana, compañera de trabajo.

   Ileso y con toda la confianza del mundo vuelvo a mi sitio con la basura.
  - ¡Me parece fatal que no hayas hablado aún de de mi en tu blog! - dice Aitana con una sonrisa llena de rabia - ¡Que ya has hablado de Alfredo - el jefe - y a mi ni me has nombrado! 
  Vuelvo al tajo, con total normalidad, pensando "hoy tiene que pasarme algo bueno. Una excusa para uno de mis autorrelatos".

19:07
  Mi boca de media luna sonriente forma una O de luna llena cuando caigo escaleras abajo.
   Un giro absurdo, resbalo mientras me despido de la chica uruguaya que cierra la puerta a mis espaldas, y hago de los 16 escalones un tobogán poco divertido.

  Mezclo en mi paladar los sabores salados-amargos de la confusión, la incertidumbre y el humor. Veo tan absurda mi propia caída como el hecho de que la Uruguaya - que no quiso el producto cultural - corra escaleras abajo preguntando si estoy bien si estoy bien si estoy bien. Yo, despreocupado, cayendo, me pregunto si ambos bajamos los escalones a la misma velocidad.

   La muerte está en cada esquina, cada rincón.

   Todas las puertas del 2° piso se abren al unísono.

  Una señora con un ojo muy rojo me pregunta si estoy bien. La uruguaya me pregunta si estoy bien. Su novio - que momentos antes pronunciaba eructos mientras hablábamos - me pregunta si estoy bien. Una señora de mirada torcida me pregunta si estoy bien. El perro grande de esta última, solo me huele.
   Sale un hombre de la nada de madera de otra puerta. Me pregunta si estoy bien.

   Qué caos.

   Me levanto riéndome, muriéndome. La señora del ojo rojo me dice que si quiero un vaso de agua con azúcar, le digo que seria un placer, y me trae un vaso de vidrio con agua marrón dentro.
   -  ¡no pienses que es agua sucia, ¿eh? Es azúcar morena.
Doy unos cuantos sorbos.
   -  ¡Parece que hoy tenemos algo que contar! - les digo, y cuando me doy cuenta de que nadie pilla el chiste, sonrío - ¿no?
   Risas.
 
   La señora del ojo rojo aprovecha para contarme lo de su enfermedad. Tiene el ojo inflamado, "¡mira!". En ese momento estaba aturdido, hipersensitivo, y aunque no puedo recordar qué enfermedad tenía, percibí que estaba preocupada.
   La muerte está en cada rincón, cada esquina.

  Al igual que se abrieron en un momento dado todas las puertas, todas ellas se empezaron a comer ahora a sus respectivos habitantes y vuelven a cerrarse con ellos dentro.
 
Sus vidas vuelven a la normalidad. Queda la señora de mirada torcida.
   -  bueno, ¡vuelvo al trabajo! para no tocar su puerta...
   -  no, no... Ya vi el maletín. No me interesa tu [producto cultural].
 
Una puerta que se cierra, otro timbre que suena.

   Quien diga que la pena vende, se equivoca tanto o más como el que dice que toda tu vida pasa por delante de tus ojos cuando vas a morir.



BAR
   Cuando voy a por hielo, un borracho se ríe desde el otro extremo de la barra. Me dice "NO HAY DOLOR". Se autoagrede. Me tomo el café que acompaña al hielo de mi muñeca. El borracho sigue hablando de dolor.
   - Ven, yo sé de esas cosas, venga... ¡confía en mí!
   Algo en su cara me da confianza. Me masajea con brutalidad la mano. Siente algo...
   - ¿Lo oiste? - y para celebrarlo se agrede a sí mismo de nuevo.

   Me cuenta que es un carterista maravilloso, que fue boxeador, y que tenga cuidado, que no deje el móvil ahí... que no sea tan confiado. Que no confíe ni en él.
   Me pide una copa.
   - Tengo 15€ para toda la semana. Y el jefe me espera. Debo irme.
   Me acompaña hasta la calle, y la camarera pone cara de alivio.
   Mientras me despido, me pide que no sea tan confiado.

URGENCIAS, 22:00

Escribo:
Puerta hacia otro mundo. Un mundo blanco y clínico, lleno de afecciones y hostias por todas partes. Virus, piernas fastidiadas, desidia, etc.

Me he jodido una muñeca, o algo parecido. Sí, inflamada, por lo que parece. Ahora estoy en la sala de espera, con una muñeca que no me permite usar el pulgar con la intensidad o rapidez acostumbrada. 
Escribir desde el móvil está bien, aunque temo tener que volver a urgencias con mis pulgares tristes porque se me han encogido el resto de los dedos.
¿Que como llegué aquí?
Bajé rápidamente 16 escalones seguidos con mi anatomía entera.
 16 escalones. Desde el primero hasta el último - o viceversa (según se caiga hacia abajo o hacia arriba) -. Un escalón por cada intento de estabilizar los zapatos resbaladizos. 
¡Tococloc, tococloc!
Un escalón por cada golpe en una parte distinta del cuerpo.
Un escalón por cada veinte rechazos durante la jornada. 
Uno por cada diez conversaciones que no llevan a nada 
(almenos nada económico) 
¿Será cada escalón un éxito?


Estoy bien,  
Estoy bien, salvo por la muñeca, quizá.

La estadística de lo que llamamos éxito es incierta.- En algún lugar, de aquí a aquí - dice el Jefe de Zona (en algún lugar de mis recuerdos) trazando una linea imaginaria con su pie -, saldrá un socio. Puede estar al princio, o al final.Por eso, aunque yo caiga, mi ánimo no decae, y sigo.Tras cada puerta, debo recordar que todos los seres humanos somos maravillosos.
¿Una imagen de mi vida por cada dichoso escalón?
Eso no. 
Eso es mentira.

Y escribo...
La vida se consume lentamente en Urgencias cuando entro. Hileras de butacas en la sala de espera. La mayoría, mirando hacia la puerta por donde saldrá la voz de la doctora. Todo el mundo mira hacia la puerta de La Doctora.  
Por alguna especie de manía filantrópica, me he sentado mirando hacia ellos, en la hilera de butacas frontal. Soy el único ocupante de la sala que mira hacia el resto. Una adolescente con séptum comienza a descojonarse. Su madre esconde una sonrisa tras una boca apretada.
Y la vida se consume lentamente.

Y escribo.
Hay mucha gente aquí, en Urgencias, a las 22:30.Todos con sus afecciones y sus historias.
La muñeca me arde. Los pies gritan de rabia loca dentro de estos pies que resbalan.  
Me voy a fumar. 
Reflexionar.

martes, 3 de mayo de 2016

Violencia (relato)

Me sangraban las encías, y mi sonrisa lúgubre hacía oscuro aquel juego de niños.
Nos encantaba la lucha. La lucha de verdad, sin trampa ni cartón. Luchábamos como niños, con las manos desnudas como el alma, y nos molíamos las costillas sonrientes. Cuando alguno de los dos - cuando no se unía nadie - estaba cansado, o caía, parábamos y tan amigos. Abrazo y hasta la próxima.

No era más que un juego.
Se me empieza a dormir la pierna derecha.

Teníamos vidas normales y aburridas. Teníamos trabajos aburridos a los que asistir mañana, esposas aburridas esperándonos por la noche.
Un puñetazo en la nariz hace surgir una niebla en pleno pensamiento, y borra de un golpe mi esposa y mi trabajo y mi vida normal y aburrida.

Ahora mismo monto sobre una estrella de color que lleva por nombre y apellidos "Deja de Pensar".
Caigo rendido a los pies de la multitud. Me levanta el equipo de médicos voluntarios que disfrutan de la barbarie.
Estoy bien...
  - Estoy bien. Gracias.
Mi oponente y yo nos abrazamos y nos felicitamos. 23 minutos de lucha.

Comienzo a pensar que esto no es lo mío mientras salgo del recinto, un bloque en construcción vacío donde los Yonkis solían montar sus fumaderos.

Los primeros días eran espectadores, con sus jeringas en el brazo y todas aquellas voces. Sé que no lograron soportarlo.
Mezclar la droga con violencia les dejaba mal cuerpo.
Todos teníamos nuestro propio juego.
Dejo el edificio detrás de mí. Por detrás de mí oigo pasos.  Decido seguir cojeando hacia el primer taxi que vea. Los pasos se acercan, familiares.

Mis sentidos captan a Mabel. Su olor a vainilla despierta mi instinto y mis oídos delatan sus pasos decididos. Lleva sus zapatillas de andar por casa. Decido no girarme.
Me paro en seco.

- Lo sabía. Sigues en esa mierda.
No.
Esa mierda sigue en mí.
Esa mierda me ha hecho algo especial esta noche. Esta noche no cobro: he perdido.
 - No dices nada...
He perdido algo más que dinero.
He perdido la conciencia.

Me despierto tarde. Lo ultimo que recuerdo es desmayarme al servicio del dolor. Son las 14:09, y la enfermera retira el desayuno. Me pide que coma algo.

Detrás de ella, Mabel. Junto a Mabel, mi jefe.

Bronca con Mabel, bronca con mi jefe. Me dicen que no debería hacer lo que hago, que la violencia corrompe. Posiblemente ahora me quede sin trabajo, sin mujer.

Me lo dicen en un mundo donde es mas normal aceptar el disparo de las metralletas que ver un par de tetas. En un mundo donde es más políticamente correcto jugar a juegos de guerra que asistir a orgías. Me lo dicen en un mundo donde vemos las noticias a la hora de comer, con todos esos tanques y desmembramientos. Me lo dice Mabel, a gritos, agrediendo mi integridad emocional, en un mundo donde los hombres deben ocultar sus sentimientos. Me lo dice mi jefe, cuya empresa invierte en armas.

En un mundo donde ciertas peleas son ilegales. Peleas donde tengo mi única vía de escape asegurado, al calor de los puñetazos que me enrojecen el rostro.

Con esta vida, con este trabajo, con esta esposa, y tanta rabia contenida, tanta emoción escondida, lo único que me queda es darme de hostias con gente descontenta.

Lo más que me dolió en el ring fue el abrazo de mi oponente, mas sincero y cariñoso que los de Mabel.

Cuando salí del Hospital, me juré que jamás volvería a permitir que me dijeran qué camino escoger.

lunes, 11 de abril de 2016

Relato: Una de zombies

La calle podrida a través de las ventanas. Putrefacción andante alrededor del edificio que hace de protección. El hedor a carne en descomposición elevándose hacia el segundo piso. Pero nos reconfortaba que aquí estuviésemos un poco ajenos a él.

Foto tomada durante el rodaje de Insania, cortometraje realizado en el IES Politécnico en el que fui extra.

Deadkiller y yo nos encontrábamos en una casa maravillosa, admirando desde las ventanas la brutalidad de aquellos rostros que no acababan de aceptar la muerte. Llevábamos un rato bebiendo vino del almacén, para tomarnos un respiro mental, y las cuestiones filosóficas no se hicieron esperar.
Cuando estás rodeado de zombies, te da por usar lo que a ellos les falta.

- ¿Sabes? - dice Deadkiller -. Pensé mucho en este momento... el fin del mundo. Me cachondeaba de eso cuando lo veía, y resulta que al final existe. Y lo estamos viviendo...
- ¿Quién te dice que en realidad no estamos muertos como ellos? - y señalo hacia las bestias de ahí fuera.
- Quizá ese hedor que se eleva hasta mi nariz, o el nombre de mierda que me he puesto por matar muertos. Si fuera uno de ellos estaría abajo. Aunque pensándolo bien, sería el camino más fácil... y la cosa cada vez está más fea.

Antes de que todo se jodiera, teníamos otros nombres. Otras vidas.

-  Nunca has sido de ir por el camino fácil. Yo en ese aspecto me sorprendo... no sé cómo he aguantado tanto...
- Te lo dije. Tienes esa luz. Te lo dije cuando confesaste tener miedo a sacar tu proyecto adelante, y te lo digo ahora que es imposible. Eres creativo, pero demasiado cuidadoso. Dime, ¿ahora tienes miedo?
- Se tiene miedo cuando hay algo que perder. Creo que ya sobre pasamos ese punto.

Deadkiller ríe satisfecho, como si hubiese leído la frase de un sobre de azúcar y hubiese aprendido algo. Levanta la copa al aire y dice:
- Por las caídas.
- Por las caídas.

Deadkiller tenía su propio negocio. Una web que había ayudado a muchas personas a las cuales ahora se le caían trozos del cuerpo, desmembrados y sufrientes. Sabía lo que era el miedo, lo que era tenerlo todo y perderlo de repente.

Yo solo era un aprendiz de la vida, cuando esta se tornó en una puta locura.

- Mira. Si hay algo que he aprendido en este mundo, es que solo puedes fiarte de ti mismo, en primer lugar. En segundo lugar, fíate de quien te apoya por amor, sin esperar otra cosa que el progreso de quienes le rodean. Ahora vivo una representación gráfica del mundo. Avanzar ahora que todos quieren comerse nuestras piernas no es muy diferente de lo que había antes. Vale, echo de menos echar un polvo, y puede que eso me altere a veces. Pero soy feliz, porque tengo un objetivo: vivir. De hecho, he aprendido algo imprescindible. Mi nueva gran verdad. La nueva gran verdad del mundo...

En ese momento, vino un zombie, se acercó a Deadkiller y le pegó un mordisco en el cuello. Se desangró hasta morir y nunca supe qué había aprendido. De su cuello brotaba un monton de nueva gran verdad del mundo.

Es broma...
- He aprendido que ahora nada de lo que hice hasta ahora tenía tanto sentido como le daba. A veces me frustaba cuando algo no salía bien o cuando alguien hacía mal su trabajo, o incluso cuando yo lo hacía mal. Pasaba un tiempo, y me relajaba. Ahora miro ahí fuera y pienso: al final, siempre tuve lo más importante.
- ¿Y me vas a dejar con la intriga? - digo, cansado de sus silencios.
- Tenemos la vida. Al final, el principal objetivo debe ser vivir hasta que nos toque despedirnos, y agradecer nuestra despedida cuando toque. Hay que tomarse la vida menos en serio de lo que lo hacía. Sí... hay que saber ganar, pero sobre todo hay que saber perderlo todo. Pero ya estoy hasta los cojones de hablar. Nos estamos quedando sin vino.
- ¿Te apetece entrenar?

Deadkiller asiente, cogemos las espadas de decoración recientemente afiladas, los bates de beisbol auxiliares, y salimos a partir cráneos. Dolor inesperado en el hombro derecho de Deadkiller. Sangre viva. Lo han mordido. Me sonríe.

No me sale ni una lágrima. Me cargo a los que quedan, le doy el pésame.
- Sigue luchado - me dice -. Aun tienes que echar un polvo en el nuevo mundo zombie... seguro que hay alguna guerrera cachonda por el mundo. Pero sobre todo, no te olvides de vivir. Cuidado, detrás...

Me giro, corto un nuevo cuello muerto, y cuando veo a Deadkiller, es ya víctima de su propia espada. Aunque sus dos sienes han sido atravesadas - con gran maestría, todo sea dicho -, aún sonríe.

martes, 22 de marzo de 2016

Nubes

La tarde se presentó con la actitud desagradable que define a los malos días. Una tarde de Blues, como las llamaba Chico en silencio, cuando el diálogo interno se despistaba y él lograba hacerse consciente de sus estados.

"Me siento en un banco y contemplo la tarde que hace contraste con el día azul que me ha tocado", narra Chico en su mente, cambiando el tiempo narrativo al momento presente.
Tratando de ser consciente de su estado.

Ahora mismo una harmónica rasga la escena rodeada de guitarras eléctricas y percusión y Howlin' Wolf volviéndose viejo y gris.
Explosión estática de nubes de fuego sobre fondo azul. El núcleo propio de la explosión parece ser el responsable del azul que colorea los marcos de la escena junto con la silueta de los obstáculos visuales.
Chico siente una presencia junto a él.

Un señor viejo y gris silencia paulatinamente a Howlin' Wolf con una palabra muda que se hace audible poco a poco.
- ¿...nubes? - dice, terminando una frase sin principio.
- Perdone, no le oía - le digo, señalando con las cejas los cascos que tengo en las manos.
- ¿Mirabas las nubes?
- Sí. Son un espectáculo.
El Viejo sonríe. Se queda en silencio, contemplando conmigo el espectáculo. Por alguna tendencia social, no vuelvo a ponerme los cascos. Sólo queda la reminiscencia en miniatura de Howlin' Wolf aullando desde mis dedos en pinza.

- Disfruta del espectáculo mientras puedas, Chico - dice una voz profunda desde las entrañas del viejo -. En unas horas dejará de ser esa explosión estática de fuego y colores. Luego sólo quedará un cuadro distinto...
Y, manías de la vida, el viejo y Chico hablar al unísono:
- Y el recuerdo - dicen Chico y el viejo con tal precisión que no son capaces de distinguir con cuál de las dos voces se han pronunciado.

Chico recupera de pronto el hilo de su vida. A punto de perderlo todo en la vida, se había olvidado de contemplar el presente. El viejo le estaba dando una lección, en realidad.
- Lo que usted quiere decir, creo, es que por mucho que nos guste lo que tenemos, debemos aceptar que no es para siempre. Que lo disfrutemos mientras lo tengamos. En definitiva, aprovechar el momento porque la vida sigue mostrando siempre un cuadro nuevo...
- No, yo sólo hablaba de las nubes, Chico ¿Cómo te llamas?
- Hace mucho tiempo que perdí el nombre. Gracias por su sabiduría. Debo irme.

Chico se levantó. Las respuestas las tenía él todo el tiempo. Disfrutó del viaje hasta casa con algo más que contar.
El viejo se quedó allí, recordando que también él había olvidado su nombre. Recordando la tarde que lo había perdido todo, y sólo necesitaba contemplar los dibujos del cielo.