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sábado, 28 de mayo de 2016

Entremeses

De estos versos que escribes por mantener la mente literaria activa en los tiempos muertos. Poemas sencillos sin mucha perención para leer de manera ligera. 

Poesía que es, en realidad, más bien una técnica de escritura basada en escribir lo que salga, revisarlo, y mejorarlo. Es decir: lo que suele hacerse, pero en sesiones exprés por agilizar.

En esta ocasión: Lo Importante, humor negro, con el culo abierto, y verso más que libre rebelde.

LO IMPORTANTE

Da igual cómo.
Da igual cuánto,
dónde o cuándo.
Lo importante es:
¡Que vivimos!


HUMOR NEGRO 

Soy un insensible.
Aunque no guste a veces 
Es lo que me define:
Mi cerebro podrido
Lleno de posibilidades
Y posibles verdades
Que quizá no agraden.
Mi amiga me enseña
Un tatuaje que quiere
Hacerse: una huella 
Con un una letra que
Representa a su perra
Y mi loca cabeza piensa
¿que pasará 
cuando se muera?

A mi que nadie 
Me invite a un entierro
O me mandan
Al mismísimo infierno.


CON EL CULO ABIERTO

"Con el culo abierto
Se abre el pensamiento".

Nos lo dijo el sabio, 
con un libro en mano.

"Y es que", dice, "cuando
Estamos cagando
Estamos vagando 
Por nuestro cerebro
En el puto muermo:
La jodida acción
De la inacción".

Unos tristes versos
Sobre el universo
Que todos creamos
Mientras cagamos.

Ya he terminado.
Texto acabado.


VERSO MÁS QUE LIBRE REBELDE 

La vida es la vida
y el ser humano
es el ser humano 
Y yo 
me cago 
en las metáforas.

Punto
Final.

jueves, 26 de mayo de 2016

Cartas al amor libre, vol 2

Locura transitoria 


El amor es una locura transitoria que une a dos personas de carne y hueso en una conexión donde no existen cuerpos ni se precisan palabras.

Conexión de almas.

Instantes de comunicación en ausencia, momentos de oratoria y roces de cuerpo y cafés y cigarrillos.
Cigarrillos... Qué palabra mas absurda.
Cafés y cigarros. El humo del cigarro dibuja sonrisas en este aire cargado de olor a café y sudor de amantes y música aleatoria.

Conexión mental a pares. Un ombligo de cabeza a cabeza, de pecho a pecho. Intestinos conectados.
Almas capaces de hablarse incluso con silencios. Almas que crean poesía con el contacto de la carne como complemento al resto.

¿y luego?
Nada.


Montones de nada.

Cafés y cigarrillos en solitario. Copas y cigarros en compañía.


El transitorio amor en un planeta donde sobran habitantes. Todo es rápido y violento en este siglo XXI.

El amor es cínico, hoy en día, mientras veo a nuestros abuelos y coetáneos manteniendo matrimonios comprometidos, frustrados, felices, locos, razonables, viudos.

Tienen ese intenso sentimiento siempre presente y duradero incluso tras la muerte. 

Aunque quizá, pienso a veces, al final solo sea una batalla contra la soledad. Esa vieja amiga que acecha en los momentos menos esperados.

Pero qué vamos a decir en un mundo donde ya no hace falta tanto buscarse la vida. Quizá sí, pero de otra manera. Pero lo que si tengo claro es que ahora tenemos una gran ventaja:


Tenemos más respuestas.

Ahora tenemos Internet y la capacidad de adelantar el momento. Ya no estamos contentos con vivir el presente (carpe diem, lo llaman). Ahora, si quieres sexo, solo debes sentarte ante el ordenador y manejar una barra de vídeo donde tienes sobre las posturas y variedades más exquisitas con nombres anglosajones bastante curiosos.

O entrar en ciberlugares donde gente aburrida y sin dinero vende su imagen desnuda a gente solitaria que busca amor en Internet. 

O usar aplicaciones de contactos.

Aquí todo vale, todo es apto.

¿Para que queremos amores duraderos? 


Lo tenemos en distintas formas a todas horas en nuestro bolsillo, en nuestro ratón.

Dispersemos el amor, es la nueva filosofía.

Queremos cambios continuamente. Amor cínico. Transitorio. Rápido.

¿Pero quien dice que eso sea malo? 


Si no probamos cada opción, con cada habitante del planeta que nos genere simpatía... ¿como sabremos quien es realmente el verdadero amor de nuestra vida?

¿Y si resulta que al fin reconocemos que el único amor de nuestra vida somos nosotros?

Mucho tiempo escuchando el clásico cuento de hadas que nos ha transmitido nuestra sociedad patriarcal basada en sus clásicos valores judeo-cristianos: nace, crece, cásate, y sé feliz.

Pero que nunca se nos olvide lo más importante: la misión no debe ser sentirse amados (salvo por nosotros). La verdadera respuesta, y quizá esto no lo encuentres por Internet, es amar. Puro amar el momento, sea como sea, y a cada ser de este planeta.

Todo se resume en eso, al final: ama.

miércoles, 25 de mayo de 2016

Batería baja (Diario de un promotor)

LA APP

Tengo muchas casas por visitar y un tiempo y un nivel de energía limitados.
Tengo una hora de comer en la que me gustaría haber ayudado almenos a una persona a disponer de la comodidad de recibir un servicio que le beneficiará.

Tengo una aplicación que sirve para escribir. Sí, ya hablé de ella. He dejado de usarla para escribir.
Ahora sirve para anotar.

Anoto a los Ausentes. Personas que por no estar en casa me han dejado mirando el centro de una mirilla estática. Luminosa.
Anoto los Rechazos. Personas que no están interesadas o pretenden no estarlo.

Anoto un montón de mierda con el bolsillo.
La anoto donde he anotado a los Ausentes y los Rechazos y ahora estoy en el mismo punto donde empecé.

Literalmente:
Rt 
reettreert rretr retret1e 22wdwre1c xswerrrttt 2c y 3cwrtt...
etc...
Tengo menos tiempo y energía y una aplicación que me sabotea por tercera vez.

Tengo un jefe de zona que aparece con un chicle y una sonrisa.
- ¿Quieres un chicle? - dice - Relaja. Es mágico.
- Gracias, Alfredo. Me vendrá muy bien - respondo, tratando de decirle al subconsciente que ese chicle me ayudará.

Lo que no tengo es idea de las puertas que debo tocar.
Me anima a probar en un edificio distinto, fresquito, pero estoy cansado y ya se me acabó el tiempo y se me gasta la batería del móvil de empresa y me falta bolígrafo y desconfío profundamente de la aplicación que ya lleva tres bromas por el estilo

La segunda vez la conté la semana pasada, al quedarme sin el móvil.
La primera vez fue con el relato de la anterior entrada. Selecciono todo para pasarlo a PDF con otra aplicación. Todo el contenido se convierte de pronto en una letra aleatoria causada porque el teclado apareció en un momento en que nadie lo llamaba...

Y me veo en el vano de una puerta, bromeando "disculpe, este aparato tarda un poco en cargar... que poco me gusta depender tanto de estos aparatos a veces"... y en ese momento surge una conversación sobre los tiempos de antaño.


EL CHICLE

Y vuelvo a casa sin un solo socio, sin batería, sin energía, un poco más viejo, y con un chicle...
Relaja. Es mágico.

Por algún designio desconocido del destino, atentando contra el subconsciente sonriente, al sentarme en el sofá, me cuesta despegar el brazo de la pierna.

Adoro este trabajo, pero cuando la mente está floja, nada tiene sentido.
Tengo un chicle pegado en la camisa. En el pantalón.

Tengo de repente ganas de exiliarme en el ombligo sucio y oscuro del mundo.
Abrir un agujero en la tierra y hundirme en él para siempre.

Huir de la realidad.

Escribir.

martes, 3 de mayo de 2016

Violencia (relato)

Me sangraban las encías, y mi sonrisa lúgubre hacía oscuro aquel juego de niños.
Nos encantaba la lucha. La lucha de verdad, sin trampa ni cartón. Luchábamos como niños, con las manos desnudas como el alma, y nos molíamos las costillas sonrientes. Cuando alguno de los dos - cuando no se unía nadie - estaba cansado, o caía, parábamos y tan amigos. Abrazo y hasta la próxima.

No era más que un juego.
Se me empieza a dormir la pierna derecha.

Teníamos vidas normales y aburridas. Teníamos trabajos aburridos a los que asistir mañana, esposas aburridas esperándonos por la noche.
Un puñetazo en la nariz hace surgir una niebla en pleno pensamiento, y borra de un golpe mi esposa y mi trabajo y mi vida normal y aburrida.

Ahora mismo monto sobre una estrella de color que lleva por nombre y apellidos "Deja de Pensar".
Caigo rendido a los pies de la multitud. Me levanta el equipo de médicos voluntarios que disfrutan de la barbarie.
Estoy bien...
  - Estoy bien. Gracias.
Mi oponente y yo nos abrazamos y nos felicitamos. 23 minutos de lucha.

Comienzo a pensar que esto no es lo mío mientras salgo del recinto, un bloque en construcción vacío donde los Yonkis solían montar sus fumaderos.

Los primeros días eran espectadores, con sus jeringas en el brazo y todas aquellas voces. Sé que no lograron soportarlo.
Mezclar la droga con violencia les dejaba mal cuerpo.
Todos teníamos nuestro propio juego.
Dejo el edificio detrás de mí. Por detrás de mí oigo pasos.  Decido seguir cojeando hacia el primer taxi que vea. Los pasos se acercan, familiares.

Mis sentidos captan a Mabel. Su olor a vainilla despierta mi instinto y mis oídos delatan sus pasos decididos. Lleva sus zapatillas de andar por casa. Decido no girarme.
Me paro en seco.

- Lo sabía. Sigues en esa mierda.
No.
Esa mierda sigue en mí.
Esa mierda me ha hecho algo especial esta noche. Esta noche no cobro: he perdido.
 - No dices nada...
He perdido algo más que dinero.
He perdido la conciencia.

Me despierto tarde. Lo ultimo que recuerdo es desmayarme al servicio del dolor. Son las 14:09, y la enfermera retira el desayuno. Me pide que coma algo.

Detrás de ella, Mabel. Junto a Mabel, mi jefe.

Bronca con Mabel, bronca con mi jefe. Me dicen que no debería hacer lo que hago, que la violencia corrompe. Posiblemente ahora me quede sin trabajo, sin mujer.

Me lo dicen en un mundo donde es mas normal aceptar el disparo de las metralletas que ver un par de tetas. En un mundo donde es más políticamente correcto jugar a juegos de guerra que asistir a orgías. Me lo dicen en un mundo donde vemos las noticias a la hora de comer, con todos esos tanques y desmembramientos. Me lo dice Mabel, a gritos, agrediendo mi integridad emocional, en un mundo donde los hombres deben ocultar sus sentimientos. Me lo dice mi jefe, cuya empresa invierte en armas.

En un mundo donde ciertas peleas son ilegales. Peleas donde tengo mi única vía de escape asegurado, al calor de los puñetazos que me enrojecen el rostro.

Con esta vida, con este trabajo, con esta esposa, y tanta rabia contenida, tanta emoción escondida, lo único que me queda es darme de hostias con gente descontenta.

Lo más que me dolió en el ring fue el abrazo de mi oponente, mas sincero y cariñoso que los de Mabel.

Cuando salí del Hospital, me juré que jamás volvería a permitir que me dijeran qué camino escoger.